Salmón grillado con limón y hojas de espinaca
Preparar el salmón con intención:
Retirar el salmón de la heladera 10 minutos antes para que pierda el frío.
Secarlo suavemente con papel para que se dore mejor.
Salar y pimentar por ambos lados, sin exagerar: el limón hará su parte.
Calentar la tabla de cocción:
Usar una plancha o sartén.
Derretir una pequeña cantidad de manteca o ghee y dejar que la superficie se caliente bien.
Esto garantizará un dorado más parejo y evitará que el salmón se pegue.
Cocinar el salmón del lado de la piel primero:
Colocar el salmón con la piel hacia abajo.
Este paso ayuda a proteger la carne, mantener la humedad y lograr una textura firme por fuera y suave por dentro.
Cocinar 3–4 minutos sin mover el filete.
Dejar que el calor suba lentamente desde abajo.
Dar vuelta con suavidad:
Girar el salmón solo cuando la piel esté bien dorada y se desprenda naturalmente de la sartén.
Cocinar del otro lado 1–2 minutos adicionales, según el punto deseado.
Evitar la sobrecocción: el salmón debe quedar jugoso, no seco.
Incorporar el limón:
Retirar del fuego y, con el filete aún caliente, agregar unas gotas de jugo de limón fresco y ralladura muy fina.
El calor liberará los aceites esenciales del limón y aromatizará el plato sin amargarlo.
Tratamiento delicado de la espinaca:
En la misma sartén ya tibia (fuera del fuego o con calor muy suave), colocar las hojas de espinaca.
Revolver apenas para que se ablanden sin perder color.
Si deseás, agregar un toque mínimo de sal o unas gotas más de limón.
(Evitar cocinar demasiado: la espinaca debe quedar tierna, no oscura.)
Montaje final:
Colocar un colchón de espinacas tibias en el plato.
Disponer el salmón encima o al costado.
Terminar con un hilo muy suave de aceite de oliva crudo, si se desea, y un extra de ralladura de limón para darle luz al plato.



